Los Espíritus Errantes se apropian del Panteón de Mezquitán

Maniárticos Teatro presenta en el segundo cementerio más grande de Guadalajara narraciones de leyendas y crímenes que se han convertido en parte de la tradición oral mexicana

Sábado 6 de agosto. El Panteón de Mezquitán recibía a las 20:30 horas a un grupo de gente expectante, deseosa de conocer las historias de los Espíritus Errantes, personajes surgidos de las tradiciones orales mexicanas y que a más de uno le ponen el cabello de punta.

Don Luis Bartolomé de Córdoba, «El Lapidario», es el encargado de guiar a los asistentes por los caminos del panteón, el segundo más antiguo de la ciudad. El recorrido se hace entre tumbas, algunas en lamentable estado, otras impecables, pero todas con ese ambiente y sensación que no genera tranquilidad, especialmente con la llegada del crepúsculo.

Minutos antes de iniciar, como si de una advertencia se tratara, el cielo tapatío se encapotó, nubes negras presagiaban una gran tormenta que amenazaba con suspender el recorrido, pero sólo fue una falsa alarma, unas cuantas gotas que refrescaron el ambiente.

Luego de ese trance, «El Lapidario» o Trasgo, el ser que lo posee, guiaron a los asistentes a la primera leyenda, la de la mujer enterrada viva, cuya mano emergió para castigar a sus ambiciosos hijos.

Doña Victoriana Hurtado fue enterrada viva en el Panteón de Belén. En esta leyenda se narra cómo, luego de ser casada a los 12 años y ser madre a los 15, su marido derrochó su fortuna.

Tras quedar viuda, sus hijos esperaban heredar su dinero, por lo que ellos esperaban que falleciera.

Al ser enterrada viva su mano emergió con un testamento en el que les quitaba todo a los hijos y repartía los bienes a instituciones de beneficencia.

Todo esto lo narró la propia Victoriana a los asistentes que sintieron empatía por esta mujer que fue traicionada por sus hijos.

En medio de este relato se unió un gato negro que siguió durante el recorrido a los valientes que escucharon todas las leyendas.

El segundo punto de encuentro narró un asesinato sucedido en la Ciudad de México en 1991.

Un cuerpo fue hallado en la calle. Era el de un peluquero de 53 años que había desaparecido. Al hacer las pesquisas se llegó a la casa de su pareja, una tamalera que vivía con él.

El relato de la mujer, como si los asistentes fueran los policías que buscaban esclarecer el crimen, cruzó desde la forma en que conoció al muerto, hasta el trágico momento en el que apoyada por un bat, hacha y segueta, acabó con su vida.

Una cabeza representaba al hombre muerto, cuya carne terminó como relleno de los tamales que su mujer preparaba para vivir.

Tras este relato de crimen real tocó el turno a «El Lapidario», quien fue poseído por el sepulturero del panteón que murió presa de su ambición.

Este espíritu errante contó cómo trató de robar a una dama de sociedad que fue enterrada con joyas de gran valor.

La oportunidad estaba allí, tras desenterrar el cuerpo lo empezó a despojar de sus joyas, suficientes para pagar su deuda, pero avaricioso quiso quedarse con un anillo, el cual fue su perdición.

Tras cortar el dedo de la mujer, ella revivió, lo que le provocó un infarto al sepulturero y terminó sus días dentro del ataúd de la mujer rica.

Los espiritus errantes siguieron el recorrido y presentaron a la mujer que bailó con el diablo.

Esta leyenda, narrada a las puertas del cementerio francés, dentro de Mezquitán, presentó a una mujer que desobedeció las normas y despreció a los hombres para terminar, una noche de Viernes Santo, bailando con el mismo demonio.

La narración de la protagonista sirvió para dejar una lección acerca de humildad y obediencia.

Tras esta leyenda, ambientada en Chihuahua, en época cristera, el recorrido de una hora llegó a su fin.

Los espiritus errantes fueron a descansar y los testigos de sus andanzas regresaron a sus actividades, reflexionando en aquello que observaron entre las tumbas del Panteón de Mezquitán.

El recorrido fue protagonizado por Israel Fernández («El Lapidario») , Diana Vargas (Doña Victoriana y la mujer que bailó con el Diablo) y Maritza Rivas (la tamalera asesina), quienes realizan un trabajo lleno de profesionalismo y transmiten lo que se observa en el recorrido.

El hecho de ambientar la obra en el cementerio permite que los asistentes se ubiquen de manera diferente en los contextos de las leyendas y observen con otros ojos las situaciones «de terror» que buscan compartir.

El vestuario que utilizan remite a la época, con excepción de la leyenda de la mujer que bailó con el diablo, en donde destaca la máscara del demonio, más no el vestido de ella.

«Espíritus Errantes» es u a experiencia recomendable para conocer tradiciones orales de México en un lugar que aporta un aura de misterio que ayuda a una mejor comprensión de las historias en sí.

La obra se presentará el 27 de agosto a las 20:30 y 22:00 horas. Los boletos están a la venta en el WhatsApp 3322436733.

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