‘Licorice Pizza’ llega a las pantallas con una comedia romántica que rompe convenciones

La película nominada al Óscar por mejor película, mejor guión y mejor dirección, a cargo de Paul Thomas Anderson estrena este 24 de febrero

Considerar a Licorice Pizza (2021, Paul Thomas Anderson) una comedia romántica puede parecer una temeridad, especialmente si analizamos cómo es que se da la historia de amor entre los protagonistas durante los años 70 en California, pero a final de cuentas, la película, nominada a tres premios Óscar (película, dirección y guión), puede ser considerada como tal.

Valle de San Fernando, 1973. Conocemos a Gary Valentine (Cooper Hoffman) un niño actor que se encuentra en la adolescencia (tiene 15 años) y durante la toma de foto de su anuario conoce a Alana Kane (Alana Haim) una chica judía que trabaja para el fotógrafo que se encarga de inmortalizar a los alumnos para el libro escolar.

Gary y Alana viven una amistad que no tiene definición.

La sola visión de Alana despierta el amor en Gary por ella, aunque hay un pequeño detalle (bueno, no tan pequeño, dependiendo del punto de vista que tengamos). Ella es mayor que él por casi 10 años. Recordemos que él es menor de edad y ella está a la mitad de sus 20s.

Este detalle no frena a Gary, quien tiene una autoconfianza del tamaño del mundo y a través de su insistencia y tenacidad logra que Alana lo conozca más. Desde la invitación a cenar a Tail O’ the Cock en el que el adolescente «desarma» las negativas de ella al invitarla dos coca colas, o la invotación que le hace para que lo acompañe de gira a Nueva York como parte del elenco de una película en la que actuó. Todo eso va abonando a la unión «prohibida» entre ambos.

La fórmula que usa Anderson (director de Boogie Nights o Embriagado de Amor) es digna de cualquier comedia romántica que se respete, es decir, «chico conoce chica; chico se enamora de chica; chico se pelea con chica; chico se reconcilia con chica; chico y chica viven felices», pero la adereza con diferentes aspectos que la hacen diferente, como el homenaje que hace al Hollywood de los 70s, o enmarcar una historia de amor prohibido (no olvidemos que él es menor de edad), en momentos históricos puntuales en Estados Unidos, como la crisis energética.

Destacan las actuaciones de Haim y Hoffman, quienes tienen una química notable en la pantalla y su mancuerna es tal que de inmediato se olvidan las diferencias. También podemos hablar de un elenco muy completo con Sean Penn (Jack Holden, un actor de Hollywood que quiere conquistar a Alana) o Bradley Cooper (Jon Peters, el violento y promiscuo novio de Barbra Streisand, que protagoniza tal vez la secuencia más divertida de toda la cinta).

Alana busca ser actriz y en el proceso es prácticamente seducida por Jack Holden.

La historia nos muestra como es que Gary no se rinde ante las negativas de Alana y además aprovecha su autoconfianza y talento para los negocios para ser un empresario en lo que se le ocurra, desde vender camas de agua hasta montar un salón de pinball, siempre con ella como su cómplice.

El director nos muestra las disyuntivas de ambos, quienes durante esta relación de estira y afloje cambian de su forma de ser. Por ejemplo, Gary es capaz de respetar a Alana, al grado de sólo pedirle que le enseñe los senos y tocárselos (cuando a otras mujeres les pide otro tipo de favores) y ella es capaz de vivir su vida rodeada de adolescentes con los que siente que practicamente no tiene nada en común.

Hay aspectos secundarios que sirven para aligerar la historia, como Jerry Frick (John Michael Higgins, el propietario estadounidense, casado con mujeres japonesas, de un restaurante asiático), o Joel Wachs (Benny Safdie, el concejal y candidato cuya historia de amor servirá a Alana para tomar una decisión).

Un detalle a tomar en cuenta es que Alana está acompañada por toda su familia en la película, así vemos que sus hermanas en la vida real (Este y Danielle) al igual que sus padres (Donna y Moti) actúan con ella.

La familia Haim en pleno.

En resumen, Licorice Pizza es una película disfrutable, con un ritmo diferente de otras comedias románticas que conocemos, pero que deja al espectador pensando en hasta dónde se le pueden poner límites al amor y cómo la autoconfianza de alguien como Gary sirve para mover montañas, así tengan que ver con 10 años de diferencia.

La complicidad entre Gary y Alana se refleja en momentos puntuales en los que ambos corren por las calles de Encino.

Le damos 4.5 estrellas de 5.

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