#crónicasdesdelacuarentena: ‘El Hoyo’ es un espejo que refleja la actual condición humana

Despiertas. Vistes de marrón en un cuarto cuyo único mobiliario está conformado por dos catres, uno a cada lado de la habitación, un lavabo, un espejo y un número en bajorrelieve (48) y frente a ti un viejo, vestido igual que tú que busca hacerte plática. En medio de ustedes un hoyo que parece infinito.

Ese es el inicio de “El Hoyo” (Gáldar Gastelu-Urrutia, 2019), película estrenada en Netflix el 20 de marzo y que se ha convertido en el tema de conversación inevitable en redes sociales debido al “timing” con el que se estrenó, en medio de la pandemia por Coronavirus y las diferentes facetas que ésta ha sacado del ser humano.

Goreng y Trimagasi establecen una relación que va más allá de su estancia en el hoyo.

Esta película, ganadora, entre otros premios, de Mejor Película 2019 en el Festival de Cine Fantástico de Sitges, se ubica en un “pozo” con centenares de niveles, en el que dos personas (que podríamos denominar como presos) conviven y esperan que llegue a través del hoyo en el centro del cuarto la plataforma con comida (hecha con gran esmero por los cocineros del nivel cero) y que los habitantes de los niveles superiores dejan en sólo sobras.

El protagonista Goreng (Iván Massagué) entra a este Centro Vertical de Autogestión (CVA) por voluntad propia. Él estará internado seis meses para dejar de fumar y leer el Quijote (único artículo con el que puede entrar), tras ese periodo de tiempo saldrá con un certificado homologado.

Al despertar, en el nivel 48 (al que llegan las sobras de 47 niveles superiores) conoce a Trimagasi (Zoron Eguileor), un homicida involuntario, quien estará purgando condena un año y que entró con un cuchillo “Samurai Plus”, que jamás pierde su filo.

Este hombre, cuya forma de enfrentar la vida es cien por ciento practica, pone a Goreng al corriente sobre las formas y estilos de vida en este lugar e inician una convivencia respetuosa, hasta que pasa un mes y son reinstalados en otro nivel, el 171, con lo que cambia la forma de ser de Trimagasi, ya que acá no llega la comida y buscará aprovecharse de su joven compañero de encierro.

Es acá donde Goreng es apoyado por Miharu (Alexandra Masangkay), una asiática, quien recorre todos los niveles del CVA en la búsqueda de su hijo. Al pasar su mes en este nivel, él es reasignado al nivel 33 donde se encuentra con Imoguiri (Antonia San Juan).

Ella es la funcionaria que recibió a Goreng, y da más claves sobre el funcionamiento de estas instalaciones de la que sabemos tan poco. Ella apela a la solidaridad humana y explica que la comida debe alcanzar para todos los habitantes, e incluso ella elabora raciones para la gente debajo de ella, pero no le hacen caso, ya que desean sobrevivir.

Finalmente, Goreng se encuentra, en el nivel 6 con Baharat (Emilio Buale), con quien emprende una cruzada quijotesca con la que busca apelar a la mejora de vida de los internos.

La trama escrita por David Desola y Pedro Romero apela, de una manera dantesca, a los diferentes pecados de la humanidad y como éstos dominan en este lugar, así vemos como la envidia, la gula, la avaricia, la lujuria, la ira y la soberbia, e incluso la pereza tienen cabida en una representación distópica de la humanidad.

Spoiler alert

Los significados que aparecen en la trama son diversos y tenemos que estar pendientes de lo que aparece en pantalla si no queremos perdernos de nada.

De entrada sugiero que utilicemos la opción de subtítulos, ya que como toda película española que nos ha llegado, su dicción es difícil de entender y nos puede distraer el no enterarnos de lo que sucede.

En los múltiples símbolos utilizados, se aprecian cuestiones relacionadas con la religión. Por ejemplo, el cocinero supremo parece ser una especie de dios que procura consentir a los humanos en esta especie de inframundo. Si bien el final puede parecer confuso, hay una escena que es clave en toda la trama y la frase “la panna cotta es el mensaje” nos ayudará a entender esta película.

Algo que cae como anillo al dedo es la manera en que reflejan las jerarquías de los niveles superiores y cómo a ellos les importa poco lo que suceda por debajo, algo que hemos podido comprobar frente a situaciones es diarias en nuestra vida en la que sólo nos importa lo que nos acontezca a nosotros.

“El Hoyo” es una película que no nos deja indiferentes y la transformación sufrida por Goreng dentro del recinto, con tintes quijotescos y mesiánicos, resultados con el físico del actor, habla de un compromiso intenso para la trama.

Recomiendo la película al 100 por ciento y le doy cinco estrellas de cinco posibles. Eso sí, requieres tener un estómago muy fuerte para ver las diferentes situaciones dentro de la trama.

El cocinero de las instalaciones no tiene ni idea de lo que acontece en este lugar.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.