‘Grandes Espías’ explota la fórmula cómica de pareja dispareja en una trama llena de risas

Unir en pantalla a un hombre rudo, con poca empatía hacia los demás (pero en el fondo con un gran corazón) y uno o más niños es una de las fórmulas más explotadas desde los tiempos de Arnold Schwarzenegger.

Así, hemos visto a Arnold convivir con niños de un kínder («Un Detective en el Kínder», Ivan Reitman, 1990), a Vin Diesel cuidar a una familia sin padre («Niñera a Prueba de Balas», Adam Shankman, 2005), a La Roca asumir su paternidad mientras juega fútbol americano («Entrenando a Papá», Andy Fickman, 2007), o a John Cena y un grupo de bomberos «defender» su estación de un grupo inquieto de menores de edad («Jugando con Fuego», Fickman, 2019).

Chloe Coleman le hace ver su suerte a Dave Bautista en «Grandes Espías».

Ahora es el turno de Dave Bautista, otro luchador surgido de la WWE (al igual que La Roca o Cena), quien en «Grandes Espías» («My Spy», Peter Segal, 2020) tiene tiempo de hacer un examen de su vida mientras cuida a Sophie (Chloe Coleman), una niña proveniente de Francia, sobrina de un terrorista internacional (Greg Bryk).

En la trama de esta cinta (escrita por Erich y John Hoeber), JJ es un ex combatiente condecorado que tras su retiro del ejército llega a trabajar a la CIA. Sus métodos violentos le dan más puntos malos que positivos, por lo que en la más reciente misión es enviado a vigilar a la cuñada y sobrina de Marquez un terrorista y vendedor de armas francés.

Sin la vida de glamour que tenía en anteriores misiones, JJ, acompañado de Bobbi (Kristen Schaal), una agente técnica con poca experiencia en campo y que lo admira, tendrá la misión de controlar a una niña solitaria, que busca encajar en su nueva escuela y que descubre, por casualidad, la misión de vigilancia de la CIA.

Es ahí donde busca surgir la comedia. La soledad de JJ se une con la de Sophie, formando una pareja dispareja e involucrando al agente con Kate, la madre viuda (Parisa Fitz-Henley).

Ver a un hombre enorme e inexpresivo como Batista explorar sus sentimientos y convivir con la niña que quiere ser espía llega a arrancar una que otra carcajada, llevando hacia el final, con una que otra vuelta de tuerca, como los vecinos gay.

«Grandes Espías» es una buena opción para desconectarnos de la realidad externa y reírnos durante más de hora y media, con la conciencia de que veremos una fórmula ultra explotada en los últimos 30 años.

Calificación: 3/5 estrellas.

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