‘Los Miserables’ explora el drama del odio y la hipocresía

¿Quién es bueno? ¿Quién es malo? ¿El ladrón que roba por llevarse algo a la boca? ¿El policía que por hacer cumplir la justicia rompe la ley? ¿El testigo mudo de un atropello? ¿El islamista? Todas esas preguntas deja en la mente del espectador “Los Miserables” («Les Misérables, Ladj Ly, 2019), película francesa ganadora del Premio del Jurado en Cannes, que compitió por el Óscar 2020 a mejor película extranjera y que se encuentra en cartelera en estos momentos.

La trama nos ubica en los suburbios de París, específicamente en el barrio en el que Víctor Hugo escribió “Los Miserables”, obra cumbre de la literatura francesa y con la que esta cinta tiene similitudes.

Damien Bonnard, Alexis Manenti y Djebril Zonga forman la unidad policiaca de «Los Miserables».

Stephane Ruiz (Damien Bonnard) es un policía de un área rural que pide su traslado a París para estar cerca de su hijo, quien está con su ex esposa. Para trabajar es asignado a una unidad anti drogas en el barrio, donde se enfrenta al miedo que imponen sus compañeros Chris (Alexis Manenti) y Gwada (Djebril Zonga).

En sus patrullajes vemos a diferentes personajes que representan la diversidad cultural francesa, los rumanos, los islamistas, los traficantes, los piratas, etcétera.

Este choque cultural explota cuando en su primer día de labor, Stephane tiene que apoyar en la resolución del robo de un león al circo, el responsable es un menor, cuyo historial criminal lo hace entrar y salir de los separos, al grado que su padre ya no quiere saber de él (pero no le pone un alto).

En la refriega por detener al menor, algo sale mal y son filmados por un drón, lo que lleva a la unidad a negociar por obtener la prueba y salir indemnes de este error. En este proceso son capaces de apoyarse en los matones del barrio y los islamistas.

Es en este momento donde se ven las diferentes ramas de la corrupción en este punto parisino, el cual es totalmente diferente a lo que se nos muestra a los turistas.

Stephane se enfrenta así a un mundo en el que todos buscan imponer la ley del más fuerte, desde los menores de edad, hasta los representantes de la ley.

El temor, más que el respeto, es el motor de vida de este barrio que se hunde cada día más en la corrupción y la ley del más fuerte, como lo muestra el sorprendente final.

Ésta es una excelente película que tuvo la mala fortuna de coincidir, tanto en Cannes, como en los Óscares, con «Parásitos» («Parasite», Bong Jun Ho, 2019), la cual se llevó la Palma de Oro y la estatuilla dorada de la Academia.

Película llena de una maestría y una crudeza que deja interrogantes para reflexionar.

Cinco estrellas.